Nutrición Emotiva

¿Por qué no promovemos, desde la infancia pero a lo largo de toda la vida, la construcción de significaciones afectivas positivas y saludables alrededor de la alimentación?

¿Por qué es necesario?

Existe en el cuerpo una estrecha relación entre lo físico, lo somático, lo psicológico y lo intelectual, estamos constituidos por aproximadamente cincuenta trillones de células microscópicas y vivimos dentro de esas células.  Nos encontramos enfermos o disfrutamos de buena salud, según la química de esas células.

 

La manera de pensar, de sentir, de percibir las cosas, depende de la salud física y biológica, es decir del estado nutricional.

Cuando las células se encuentran relativamente hambrientas y no reciben los elementos nutritivos indispensables, se produce en el organismo una carga de stress muy importante.

El método más fundamental para combatir el stress pasa a través de un método óptimo de nutrición.

Entre la alimentación y las emociones existe un complejo vínculo, tal es así que se denomina con frecuencia a nuestro intestino como nuestro segundo cerebro, pues todo lo que comemos puede tener su causa en las emociones y de igual manera, nuestra dieta puede condicionar nuestro estado anímico y emocional.

Una dieta saludable nos ayuda a sentirnos bien, pues en el intestino existen muchas terminaciones nerviosas que envían información al cerebro; y por lo tanto, prevenir alteraciones intestinales, así como llevar una dieta de buena calidad, nos ayuda a mantener bajo control las emociones.

Una dieta pobre en antioxidantes, rica en grasas trans y escasa en micronutrientes puede dar origen a un estado emocional alterado.

Somos lo que comemos, los minerales, vitaminas B, los ácidos grasos esenciales y aminoácidos pueden ayudar a tranquilizar los nervios.

 

La comida inteligente combinada con el estado de conciencia puede colaborar para eliminar de manera eficaz la ansiedad y el desequilibrio emocional, dando lugar a una vida feliz y equilibrada.